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CIUDADES INTENSAS MEJOR QUE CIUDADES DENSAS | Francisco Camino

CIUDADES INTENSAS MEJOR QUE CIUDADES DENSAS | Francisco Camino

Ha sido un dogma para los profesionales de la construcción de la ciudad, del diseño urbano, de la planificación territorial y del urbanismo en general, que son deseables las ciudades con una elevada densidad. Durante varios lustros hemos estado de acuerdo en que las urbes con alta densidad eran más fáciles de gestionar y financiar que las ciudades dispersas, que ocupan y despilfarran ingentes cantidades de territorio. Todos estábamos de acuerdo en considerar a las ciudades densas como más sostenibles y más adecuadas para mejorar la libertad y la igualdad entre sus habitantes.

Continuamos estando, en principio, de acuerdo con estas afirmaciones, que también nosotros hemos defendido, incluso con una cierta vehemencia. Pero unas reflexiones realizadas dentro del Foro, recientemente celebrado en Quito, HABITAT III, nos han hecho matizar algo esta creencia. Este tipo de encuentros, con independencia de facilitar el turismo subvencionado de los profesionales más próximos al poder establecido, no suelen hacer grandes aportaciones para ayudar a solventar los graves problemas urbanos existentes. Pero, ha sido el controvertido y mediático arquitecto chileno Alejandro Aravena, del que no somos especialmente seguidores, quien ha introducido y contrapuesto al concepto “densidad” su variable “intensidad”, induciéndonos a profundizar en la referida contraposición.

Es un hecho incontestable que un gran porcentaje de la población mundial vive en “ciudades” y en grandes aglomeraciones. Una gran parte de esta población “habita” hacinada en informales asentamientos con deficientes servicios urbanos. Es previsible que esta tendencia aumentará considerablemente en los próximos años. La pobreza, la desigualdad, el expolio de las grandes compañías transnacionales, además de los nocivos efectos del “cambio climático” aceleran estos procesos migratorios del “campo a la ciudad. La elevadísima densidad de estas aglomeraciones, no es garantía, más bien lo contrario, de ninguna mejora en las condiciones de vida de sus habitantes.

Tampoco en el mundo desarrollado una alta densidad poblacional garantiza una mejora de las condiciones urbanas y del desarrollo de los “derechos urbanos”, que sin duda deberían ser incluidos en la ya desfasada “Declaración de los Derechos Humanos”. Denominamos derechos urbanos”, a aquellos derechos que deberían tener todos los seres humanos que habitan en una ciudad, como la accesibilidad, la movilidad, el derecho al aire limpio, la igualdad para acceder a todos los servicios urbanos, la cercanía a los equipamientos y todos aquellos derechos que puedan contribuir a habitar unas ciudades saludables, libres e igualitarias.

Evidentemente la “ciudad dispersa”, de baja densidad, es cara de construir, cara de mantener, insostenible económica y socialmente, dañina para el medio natural, dilapidadora de territorio, pero, sobre todo, difícil de gestionar. Laciudad dispersa”, además, genera y aumenta las desigualdades y dificulta la “cohesión social”. Sin embargo, la “ciudad densa”, no garantiza conseguir todo lo contrario.

Entendemos que con el desarrollo y acceso masivo a las “nuevas tecnologías”, pueden desarrollarse ciudades con una “alta intensidad”, sin tener que ser necesariamente muy densas. Son deseables unas ciudades que se desarrollan “superponiendo capas”, sin precisar ocupar mucho más territorio. La “ciudad digital, podía ser simplemente una capa más, superpuesta a las capas precedentes, que facilite y complemente la vida urbana, las relaciones

 

El uso masivo de las “nuevas tecnologías”, gestionado democráticamente, puede contribuir a que las ciudades ganen “intensidad urbana”. La “ciudad digital” considerada como una capa más de la ciudad, puede ayudar a que los diferentes barrios sean más igualitarios, no siendo mejores en función de su distancia a los centros urbanos. Los servicios podrán ser complementarios, unos de otros y no necesariamente la producción de estos servicios debe estar en todos los lugares.

En un futuro no muy lejano, no será necesario en bastantes actividades económicas, tener que desplazarse para trabajar, ni tampoco para acceder a determinados servicios, por lo que disminuirá considerablemente la “movilidad no deseada”, aumentando la calidad del aire que respiramos y pudiendo recuperar muchos espacios urbanos, para los peatones, para los niños, para los mayores. Muchos de los recursos económicos empleados en construir grandes infraestructuras, podrían ser reutilizados para implementar las llamadas “infraestructuras de mejora de la vida cotidiana”.

En definitiva, deberemos, utilizando las nuevas tecnologías, pero también adoptando otras medidas complementarias, siempre gestionándolo “desde la ciudadanía”, aumentar la intensidad urbana, incrementar las relaciones humanas, hacer crecer los servicios urbanos ofrecidos y la accesibilidad a los mismos. También recuperar los espacios que antes ocupaban las infraestructuras físicas que ya no son necesarias.

Aunque nunca lo habríamos imaginado, la “ciudad digital”, capa superpuesta de la “ciudad total, puede ayudar a crear entornos mucho más saludables, con una mayor “intensidad urbana”, pero con unas moderadas densidades. La “intensidad urbana” se podrá apoyar en la actividad digital, aunque deberá tratar de generar más actividad con presencia física, en unos entornos recuperados para los ciudadanos.

Todo lo anterior será posible si se gestiona de una forma participativa, pensando en lo intereses colectivos, mejorando los derechos individuales, sin supeditarlos a los intereses de las grandes compañías, sino haciéndolos, si se puede, compatibles. La “ciudad futura” deberá ser mucho más intensa, sin ser necesariamente más densa. Intensa de actividades, intensa de relaciones, intensa de servicios, intensa de alternativas. Las nuevas tecnologías podrían ayudar a mejorar la “ciudad física” y las actividades urbanas. Las nuevas tecnologías, adecuadamente gestionadas, pueden producir unas mejores ciudades, moderadamente densas, pero muy intensas.

 

 

Francisco Camino Arias | Arquitecto

@pachocamino

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