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EL IBI, JUSTO IMPUESTO INJUSTAMENTE GESTIONADO | Arquitasa

EL IBI, JUSTO IMPUESTO INJUSTAMENTE GESTIONADO | Arquitasa

El Impuesto de Bienes Inmuebles, conocido como el IBI y en el pasado llamado popularmente “la contribución”, es un arbitrio municipal que grava la propiedad de los diferentes inmuebles urbanos. Este impuesto suele amargar el inicio dela primavera de los ciudadanos españoles propietarios de cualquier tipo de inmuebles. Es un impuesto justo, como la mayoría de los impuestos, que normalmente está muy injustamente gestionado y distribuido, también, como la mayoría de ellos.

El impuesto, como decimos justamente concebido, tenía como objetivo el  que los propietarios de los Inmuebles Urbanos contribuyeran con una tasa municipal para recibir unos determinados servicios. Los Ayuntamientos con la recaudación obtenida, podrían acometer, además, otras determinadas obras y prestar otros determinados servicios al resto del municipio. Con todo ello  se conseguía una cierta redistribución interna de la riqueza. Lógicamente, los Inmuebles debían pagar este impuesto de una manera proporcional a su supuesto Valor. Este Valor estaba, y en la mayoría de los municipios sigue estando, referenciado a los parámetros que fijaba el Catastro.

Históricamente “la contribución” representaba una pequeña cantidad, que no afectaba significativamente a los bolsillos de los ciudadanos, por ser calculado aplicando un pequeño porcentaje al Valor Catastral de los Inmuebles. Este Valor Catastral era muy inferior  a los Valores de Mercado, estando calculado por unos métodos que no eran excesivamente rigurosos o científicos, siendo en algunos casos, bastante arbitrarios.

Cuando se incrementó significativamente la voracidad recaudadora de todas las Administraciones Públicas, los Ayuntamientos no se quedaron atrás, no tanto para poder realizar una justa labor redistributiva, sino también para sostener unas desproporcionadas estructuras administrativas y para financiar muchos de los innecesarios proyectos faraónicos, que se han realizado en prácticamente, la totalidad de los municipios españoles.

Para poder recaudar más, los legisladores intervinieron sobre los “dos factores del producto”, es decir, el porcentaje aplicado aumentó mucho e incesantemente, modificándose al alza, asimismo, todos los Valores Catastrales. Las revisiones catastrales se realizaron en los años del crecimiento económico, con unos criterios que tampoco fueron muy rigurosos, basándose en considerar la situación económica como una “foto fija”, que iba a permanecer invariable a través del tiempo.

Por todas las razones relatadas y por alguna otra que nos dejamos en el tintero, el IBI, en la mayoría de los municipios españoles se ha multiplicado por diez, habiéndose producido el incremento con unos criterios bastante arbitrarios, ajenos a la realidad de las nuevas situaciones y totalmente desfasados. Pero, además, probablemente lo peor de todo, es que estas subidas se han realizado con unos criterios que entendemos equivocados, que han dado lugar a situaciones muy injustas y con efectos contrarios a la justa redistribución que debe guiar cualquier política impositiva.

En primer lugar, la revisión de los Valores Catastrales, como antes hemos indicado, se realizó en los alegres años del crecimiento y ha dejado unos valores, en muchos casos, muy superiores a los valores reales de mercado, exactamente lo contrario de lo que ha venido sucediendo a lo largo de la historia. Con ello, la mayoría de los ciudadanos deben abonar un Impuesto por unos inmuebles a los que los Ayuntamientos han asignado Valores muchos más altos de los que en realidad tienen. Es decir, se paga por tener algo que no se tiene, o que vale mucho menos de lo que indica el Catastro.

En segundo lugar, en las revisiones catastrales se han utilizado “criterios homogéneos por zonas”. Esto quiere decir que una determinada zona de la ciudad se valora homogéneamente, sin ningún tipo de matiz, produciéndose injustos desajustes.

A modo de ejemplo, los cascos históricos son las zonas con mayor valoración y al existir muchos propietarios, de avanzada edad y baja renta, que viven en inmuebles con grandes carencias, tanto urbanas como de habitabilidad, pero situados dentro de zonas con “alto valor”, deben pagar un Impuesto por un Inmueble que sólo tiene un alto valor virtual. Es decir, el Catastro ha asignado unos determinados valores, con criterios especulativos. Todo lo anterior, además de ser muy injusto, está contribuyendo, como un factor añadido, a la llamada “gentrificación” de muchos barrios céntricos de nuestras ciudades, con la progresiva expulsión de los sectores más débiles de los cascos históricos.

Otro factor que ha contribuido a que este impuesto esté injustamente distribuido es la presión que han ejercido las Grandes Empresas y determinadas Instituciones para que sus Inmuebles paguen menos, acogiéndose a “artificiales razones históricas, simbólicas” o a “manipulados criterios de apoyo a la creación de puestos de trabajo”.

Dejamos para otra ocasión comentar la exención de pagar este Impuesto de los Inmuebles pertenecientes a determinadas instituciones religiosas, partidos políticos, sindicatos, etc…, con independencia de que los usos de esos Inmuebles fueran benéficos o lucrativos. Nos centraremos aquí en las Grandes Empresas, Fondos de Inversión, etc…, que con la disculpa de desarrollar sus negocios en edificios, con supuestos valores históricos o artísticos, normalmente eliminados en las remodelaciones efectuadas, prácticamente no pagaban IBI, a pesar de ser los edificios con valores más altos de las ciudades.

También las grandes cadenas comerciales, propietarias de los mejores y más valiosos inmuebles de la mayoría de las ciudades, además de las exenciones por virtuales razones históricas, veían fuertemente rebajados los impuestos a pagar por la “sacralizada función de creación de puestos de trabajo”.

Por tanto, un impuesto con origen justo, al estar gestionado de forma arbitraria e injusta ha dado lugar a que muchos ciudadanos con rentas bajas y medias, propietarios de inmuebles con muchas carencias, tengan que pagar elevadas cantidades porque los Ayuntamientos consideran que esos Inmuebles tienen unos valores muchísimo mayores de lo que una tasación rigurosa les asignaría. La gran paradoja es que alguna de estos propietarios deben abandonar sus viviendas por no poder pagar los altos impuestos que genera su alto valor virtual y cuando logran venderla, lo hacen por un precio muy inferior al que generaba el impuesto.

En el otro extremo nos encontramos con  Grandes Empresas y algunas Instituciones, que no pagan este impuesto o pagan muy poco, por los mejores inmuebles, de más alta tasación, donde desarrollan lucrativos negocios, utilizando “artificiosos argumentos justificativos”.

Injusta situación producida por lo que debía de ser un justo impuesto. El IBI ha conseguido, en muchas ocasiones, realizar una “redistribución inversa de la riqueza”, es decir, transferir, rentas de los sectores más débiles a las grandes Corporaciones. En ARQUITASA creemos que esta situación es fácilmente reversible, tan sólo cambiando los criterios de valoración, tasando correctamente los inmuebles con sus valores reales y pagando proporcionalmente a los valores verdaderos. Confiemos en que las Administraciones Públicas rectifiquen, poniendo en marcha la necesaria reforma de la gestión y cálculo del impuesto.

@ArquitasaSA

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