ARQUITECTURA ESCOLAR E INNOVACIÓN EDUCATIVA | SUSANA RODRIGUEZ

ARQUITECTURA ESCOLAR E INNOVACIÓN EDUCATIVA | SUSANA RODRIGUEZ

Hace tiempo que me interesa el tema de la Arquitectura Escolar, de hecho, creo que mi interés por la arquitectura se debe al impacto que causaron en mí los diferentes entornos escolares en los que crecí.

Mientras que la distribución de las viviendas que conocía era bastante similar en unas y en otras, la arquitectura de cada centro escolar variaba mucho y, con ello, las sensaciones que me producían y eso me inquietaba. Mentalmente anotaba “las cosas que me llevaría” de cada centro que visitaba: un pasillo acristalado, un patio ajardinado, un vestíbulo alegre y abierto, un salón de actos luminoso…

Especial interés despiertan en mí los edificios escolares antiguos: desde las pequeñas escuelas unitarias rurales o los grupos escolares a aquellos de mayor tamaño como los antiguos colegios de congregaciones religiosas o los grandes complejos que formaban las universidades laborales.

Imagen: Antigua Escuela Nacional San Cristóbal Cuéllar Segovia

La dignidad de estas construcciones me sobrecogía al visitarlas y al observar fotografías antiguas en las que los alumnos y maestros mostraban reverencia ante el espacio en el que se encontraban.

Alumnas posando en clase en antigua Escuela de Niñas en Segovia

La Arquitectura Escolar fue el tema que escogí para los trabajos de investigación que desarrollé, una vez terminada la carrera, para alcanzar la suficiencia investigadora, previa al desarrollo de la tesis doctoral. Y, aunque el desarrollo profesional me ha llevado por caminos más prácticos que el de la investigación y esa tesis doctoral no acaba de ver la luz, es un tema que sigue despertando mi curiosidad y sigo leyendo todo lo que cae en mi mano sobre el tema y visitando distintos colegios cada vez que tengo la oportunidad de viajar

Gimnasio Colegio Maravillas en Madrid | Alejandro de la Sota

Mi primer contacto con la Arquitectura Escolar fue en el pequeño colegio en el que cursé la EGB, actualmente Educación Primaria. Era un edificio entre medianeras, en el centro de una pequeña villa, cuyo patio de juegos estaba rodeado por la trasera de las edificaciones que conformaban la manzana. Me llamaba la atención lo difícil que era ver el cielo desde allí, había que mirar hacia arriba. El patio era un espacio rectangular sin vegetación de ningún tipo y sin más equipamiento que unas canchas de baloncesto que apenas se utilizaban.

Recuerdo en una ocasión sugerirle a la profesora abrir las ventanas de planta baja hasta el suelo para comunicar el patio con el interior del comedor y gimnasio y poder utilizar todo el espacio de forma conjunta. Recuerdo haber hecho unos dibujos “desde arriba” para que viera lo bien que iba a quedar. Riendo, la profesora me decía que era una buena idea, pero ahí quedó la cosa.

Poco tiempo después nos trasladamos a Santiago de Compostela y me matricularon en un colegio cuyo edificio me impresionó muchísimo, no sólo por lo grande que era sino por la solemnidad con la que emergía en el trazado de la ciudad.

Colegio de la Enseñanza. Compañía de María en Santiago de Compostela

Era un edificio histórico, de unos trescientos años de antigüedad, perteneciente a una orden religiosa en el que parte del profesorado lo formaban aún las religiosas que convivían con alumnas internas en una de las alas del edificio. En el edificio no sólo se asistía a clase o a ceremonias religiosas en la capilla, sino que allí también vivían alumnas y religiosas y todos estos usos convivían fluidamente unos con otros.

Con varios claustros para iluminar el interior del edificio, en el centro, la iglesia estructuraba la disposición de todo el conjunto de forma simétrica. Me fascinaba la complejidad de pasillos, patios, escaleras y lo bien que funcionaba todo. Pero lo mejor eran las vistas; tanto desde el interior de las aulas como desde el patio que formaba un balcón natural sobre el espacio natural de Belvís, con el imponente edificio del Seminario Menor al fondo.

De repente era como si me hubiera tocado la lotería. Estar en ese edificio, todos los días, era un auténtico lujo y, día a día, descubría nuevos espacios. Al cambiar de curso se cambiaba de aula, de planta y, a veces, hasta de escaleras. Las vistas variaban en primaria, secundaria y bachillerato por la disposición de estos niveles en diferentes alas del edificio.

Para mí todo era digno de admiración, no sólo los espacios nobles como la iglesia, el salón de actos o el comedor… también los pasillos que distribuían el edificio con sus altos techos, los artesonados de madera, los detalles de las carpinterías de puertas y ventanas, las vidrieras… Todo era un descubrimiento para mí.

Mis hermanos fueron a otro colegio, próximo a nuestra casa, pues al que asistía yo era solamente femenino. Era también un colegio bonito pero de reciente construcción, encajonado entre edificios de viviendas y mucho más pequeño. Cuando los acompañé por primera vez no pude evitar sentirme una privilegiada y algo culpable por ello. Me consta que fueron muy felices allí, pero me gustaría haber compartido con ellos esos instantes de felicidad cada mañana al acercarme al colegio, al recorrer sus pasillos y escaleras, al salir al patio…

Colegio Compañía de María en Santiago de Compostela

Ahora que mis hijas van a mi antiguo colegio observo cómo el interior del edificio ha cambiado incorporando las modificaciones necesarias para adaptar su uso a niños y niñas y a las nuevas metodologías educativas. En algunas zonas se percibe la dificultad con la que se han encajado los nuevos aseos, las aulas tecnológicas o salas de reuniones pero, en general, los cambios se integran con naturalidad pareciendo que siempre ha sido así.

El antiguo internado de alumnas ha sido sustituido por la residencia de las religiosas más mayores permitiendo que éstas participen de ciertos momentos de la vida escolar. La antigua biblioteca que funcionaba como un dispensario de libros se ha adaptado permitiendo el acceso directo de los niños a los libros facilitando así su elección y lectura.

La importancia del espacio escolar en el que niños y jóvenes pasan tanto tiempo es vital para su desarrollo. Es un espacio en el que todos deben sentirse cómodos adaptándose a los diferentes usos que correspondan en cada momento y, para ello, deben de ser espacios flexibles en los que cada uno encuentre su espacio.

La metodología educativa y las didácticas escolares han evolucionado muchísimo a lo largo de los años, pero muchos antiguos edificios escolares no sólo se adaptan perfectamente a ellas sino que siguen manteniendo esa calidad en su estructura y espacios interiores de las que carecen muchos colegios de nueva construcción.

Pongamos como ejemplo el antiguo colegio de los Milagros obra del arquitecto Luis Laorga Gutiérrez. Este complejo arquitectónico fue edificado en los años 60 para la orden de los Padres Paúles, siguiendo las corrientes arquitectónicas de la época que respondían a una forma de educar muy ligada al momento histórico en el que fueron construidos, en plena dictadura.

Colegio Los Milagros, Ourense | Luís Laorga Gutiérrez

El rígido formato de clases magistrales en las que los alumnos escuchaban y acataban mientras los profesores dictaban sus lecciones se manifestaba en una arquitectura solemne, resultado de considerar la educación como un privilegio a través del que los alumnos debían ser guiados en una única dirección. A pesar de seguir estas premisas, la calidad de muchos de los complejos escolares es excepcional, digna de seguirse tomando como ejemplo en cuanto a la eficiencia de sus distribuciones y la calidad de sus espacios tanto interiores como exteriores.

Colegio Los Milagros, Ourense | Luís Laorga Gutiérrez

 

Los tiempos han cambiado y con ellos la concepción de la educación como un derecho fundamental que deben disfrutar todos los niños, sea cual sea su procedencia y condiciones económicas, físicas o mentales. Las metodologías educativas basadas en la interacción con el alumno buscan su participación, su implicación en el proceso educativo y, para ello, el entorno arquitectónico en el que se desarrolla el proceso educativo debe modificarse para adaptarse.

La conciencia de los diferentes ritmos de aprendizaje de los alumnos y de la necesidad de despertar su interés por aprender sin frenar su creatividad, debe hacernos reflexionar sobre el uso del espacio destinado para ello.

La tendencia es la de abrir las aulas y hacerlas más fluidas para permitir que los alumnos circulen y encuentren el lugar y el modo de aprender que mejor se adapte a su estado de ánimo…

Espacio educativo renovado Colegio Jesuitas El Clot. F2M Arquitectura

Debemos replantear el espacio arquitectónico de modo que se transforme en un elemento facilitador del proceso educativo. La adaptación de la arquitectura en los colegios es necesaria para crear un medioambiente educativo de mejor calidad acorde con las innovaciones pedagógicas y curriculares y las variables sociales, económicas y culturales de su localización.

Y esta adaptación no debe limitarse a las aulas. Todo espacio tiene carácter educativo. No debemos limitar las posibilidades de aprendizaje al aula, cualquier espacio diseñado estratégicamente puede ser protagonista en el proceso de enseñanza-aprendizaje

Reforma de la escuela Vittra Telefonplan Estocolmo. Estudio Rosan Bosch.

Numerosos proyectos de innovación están poniendo el foco en un aspecto que parece superficial pero es fundamental para el cambio educativo: el diseño de los espacios y la arquitectura en los centros escolares. La renovación educativa pasa, sin lugar a duda, por una reforma y renovación de la Arquitectura Escolar.

Susana Rodríguez Carballido | Arquitecta

@susanAsesorArq

 

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