LA POESÍA COMO CUESTIÓN DE ECONOMÍA | SUSANA RODRIGUEZ

LA POESÍA COMO CUESTIÓN DE ECONOMÍA | SUSANA RODRIGUEZ

Al leer un libro o al visitar un edificio hay momentos que disfrutamos de modo sublime. Un párrafo o una imagen nos hacen pararnos durante unos instantes para recrearnos en la lectura o en el paseo. La poesía parece querer condensar en cada uno de sus versos esos instantes para que no sobre nada. ¿Es cuestión de economía?

Aunque yo no acostumbro a hacerlo, he descubierto estupendas lecturas, canciones y obras de arte a través de lo que comparten algunos amigos en las redes sociales.

El otro día leía en una página que compartía Carlos, un médico con una gran sensibilidad artística, una ingeniosa reflexión sobre la poesía en la que se hacía referencia a la arquitectura.

Parece que unos de los personajes tiene algún problema de movilidad por lo que:

“… casi no lee ya más que versos; dice que es por un problema de economía: cosas de mucho rendimiento y poco esfuerzo. Si lees poesía puedes pasarte una buena media hora sin tener que cambiar ni siquiera de página.

Los poemas producen en la literatura el mismo efecto que las maquetas en la arquitectura: ves el edificio entero desde el aire, el paisaje entero con sólo una ojeada, incluso puedes retirar los tejados y ver el interior de las habitaciones.” (Rafael Chirbes en Crematorio)

Reflexionando, pensaba en responderle que, aunque la contemplación de una buena maqueta arquitectónica puede ser una delicia, desde mi punto de vista, lo que verdaderamente se aproxima a la poesía son las sensaciones que se producen al visitar el interior de algunos edificios.

Aunque actualmente están siendo sustituidas por modelos virtuales en tres dimensiones, personalmente, sigo prefiriendo las maquetas como elemento de trabajo y como forma de representar a una escala perceptible el conjunto construido o construible.

Ciertamente, algunas maquetas son casi como obras de arte; la composición de los elementos y los materiales escogidos para reflejar la fuerza o ligereza de los edificios y su entorno alcanzan muchas veces la categoría artística. Puedes quedarte contemplando una maqueta durante un buen rato, deleitarte en los detalles y visualizar el conjunto de la edificación, pero en ningún caso puede sustituir las sensaciones dentro del edificio.

En las paredes de mi casa, además de fotografías, dibujos e ilustraciones, cuelgan algunas maquetas que buscaban representar la intención del edificio proyectado. Nos gusta observarlas pero lo que verdaderamente consigue emocionarnos es la experiencia de recorrer los edificios, incluso inacabados; llegar a la obra y recorrer la estructura que enmarca el volumen y permite entender los niveles y las vistas del exterior desde el interior del edificio.

Con el edificio terminado la experiencia puede consistir simplemente en “estar”, observando: cómo se comporta ante la luz, el sonido o el silencio en su interior; la relación entre diferentes estancias; la altura de sus techos… Son sensaciones universales que puede sentir cualquier persona en un determinado momento, en un determinado lugar.

Daba la casualidad de que, mientras iba reflexionando sobre esto, entrábamos en un edificio excepcional, de los que emocionan: la Catedral de Santa Eduvigis, la iglesia católica romana más antigua de la ciudad de Berlín.

 

Imagen Catedral Santa Eduvigis, Bebelplazt, Berlín. Fotografía Ramón Camprubí

Es el primero de los templos católicos que se edificó en Berlín tras la Reforma. Se construyó entre 1747 y 1773 bajo el reinado de Federico II según los dibujos que éste esbozó. Destrozado tras la Segunda Guerra Mundial en 1943 el edificio, originalmente clasicista siguiendo el modelo del Panteón de Roma, fue reconstruido entre 1952 y 1963 con una disposición interior más moderna.

 

Panteón de Agripa, Roma. Fotografía de Chase Lindbergh

Sobre el Panteón de Roma cuenta Pedro Torrijos una poética anécdota: estando a Eduardo Chillida de pie, a unos cuatro metros del centro del Panteón, en silencio.

(…) Permaneció así durante unos minutos, levemente inclinado, en esos casi 90 grados que formaba el hombre con su sombra. Con los brazos extendidos, parecía abrazar un cilindro invisible. Decía que no sabía los demás, pero que él podía sentir el cambio de densidad; que estaba tocando, con la mejilla y con las yemas de los dedos, la columna que había en el centro. Una columna que llegaba hasta arriba; y luego más arriba, mucho más arriba; hasta después del cielo, hasta el confín de la galaxia. Una columna hecha de espacio que nacía allí, a sus pies, y atravesaba el óculo del mejor edificio de Roma.

A su vez, la cúpula de la catedral católica de Berlín, con sus 84 segmentos de hormigón armado, es una obra maestra de la técnica. De forma similar al Panteón romano, cuenta en su centro con un óculo por el que penetra la luz natural sobre el altar situado en el centro del templo. Esta sencilla concepción céntrica del espacio permite a los fieles abrazar la ceremonia con una concepción más participativa que en los templos lineales.

 

Imagen del interior de la Catedral de Santa Eduvigis, en Berlín

La distribución de la iglesia en dos niveles (superior e inferior) permite a su vez ceremonias más íntimas sin perder la referencia espacial de la cúpula y de la luz cenital. Ocho pequeñas capillas en el nivel inferior completan la distribución de la iglesia en la que obras de arte modernas, esculturas históricas de madera y un impresionante órgano destacan en el espacio sacro.

Allí dentro, sentados en silencio viendo como la luz se filtraba a través del lucernario central pensaba en las palabras del libro: un espacio para disfrutar intensamente con muy poco esfuerzo.

Como contrapunto: la cúpula de vidrio que Norman Foster diseño para el Reichstag. Un espacio para ser recorrido, desde el que disfrutar paseando del interior del edificio y de las vistas de Berlín pues desde allí se divisa prácticamente toda la ciudad.

 

Imagen Cúpula del Reichstag, Berlín. Arquitecto Norman Foster.

La visita a la cúpula del Reichstag implica un recorrido ascendente y luego descendente a través de las rampas que la rodean en ambos sentidos. La visión de la ciudad desde lo alto es impresionante pero también lo es la visión a través del interior, tanto desde arriba como desde abajo, permite materializar el espacio creado entre las espirales y la piel de vidrio.

En estos tres lugares es suficiente con “estar”, observando, percibiendo… ¿Hay poesía en esos instantes? Yo creo que sí.

Susana Rodríguez Carballido | Arquitecta

@susanAsesorArq

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