LOS CAMINOS DEL CAMPO SON INESCRUTABLES. PARTE II | ANA ASENSIO

LOS CAMINOS DEL CAMPO SON INESCRUTABLES. PARTE II | ANA ASENSIO

Si  no leíste el primer artículo… te lo dejamos por aquí…

LOS CAMINOS DEL CAMPO SON INESCRUTABLES (PARTE I) | ANA ASENSIO

 

Hace poco comenzábamos la creación de un pequeño diccionario donde se recogían, en términos concretos, los diferentes rostros que pueden adquirir las poblaciones rurales y su desarrollo; y es que los caminos son múltiples, incluso aunque muchos de ellos coincidan en las inquietudes de trasfondo y también en los objetivos. Fijar la población en el rural, aumentar sus opciones, y asegurar un desarrollo económico, están siempre detrás de estos caminos que se inician. Cómo se interpretan esas intenciones, y cómo se llevan a cabo sus acciones, eso es otro cantar.

F) Maltrato

 

El maltrato es, por desgracia, una de las principales transformaciones del semblante de estas poblaciones. En estos casos, el mantener habitado y productivo un lugar pasa por encima del reconocimiento de sus valores naturales, arquitectónicos e incluso culturales. Comienzan a aparecer ampliaciones de viviendas en bloque de hormigón, mejoras de la habitabilidad con acabados fuera de lugar, construcciones secundarias con materiales de residuo, y un largo etcétera. Algunas de esas intervenciones en el paisaje acaban creando una nueva imagen habitual de estética cutre-costumbrista, como los cercados con muelles de somier.

Podría pensarse que estas intervenciones de maltrato del paisaje parten de una falta de recursos que impide realizar intervenciones más apropiadas, sin embargo, no es así, siendo el origen principal simple y llanamente la falta de cultura de lo popular, de educación paisajística, y de sensibilidad hacia los entornos que nos abrigan.

A esto se suman, por supuesto, las trazas del urbanismo caníbal, que, en su agresividad insaciable y falta de escrúpulos, ha dañado sin posibilidad de vuelta atrás todos nuestros paisajes.

Maltrato. El Perdigón, Zamora. (Ana Asensio)

G) Abandono

Junto al maltrato, el abandono es la más creciente de las situaciones, siendo preocupación constante en los debates de desarrollo territorial. La población joven disminuye, teniendo que marchar a núcleos urbanos en busca de oportunidades laborales y de desarrollo personal. Es un proceso que se retroalimenta, por tanto, que aumenta exponencialmente.

La cuestión es que muchas de estas personas quisieran poder estar fijados en el rural, desarrollando su actividad en el territorio al que pertenecen o un día decidieron pertenecer, sin embargo, debido al abandono por parte de las políticas de desarrollo y políticas empresariales, se establece una desigualdad de oportunidades que obliga al éxodo de la población. Es importante recordar esto cuando analizamos la fuga de población de lo rural a lo urbano, y no responsabilizar de ello a los propios pobladores, como si de una casuística “natural” se tratase.

Abandono. Quintana de Sanabria, Zamora. (Ana Asensio)

H) Vuelta origen

 

El extremo del despoblamiento son pueblos que quedan absolutamente deshabitados, siendo el último paso el traslado de la población envejecida a zonas en las que puedan ser atendidas de mejor modo. Existen centenares de asentamientos absolutamente deshabitados en España (por causas de todo tipo, no sólo el éxodo), o al borde de esa situación.

Como iniciativa llamativa, algunos ayuntamientos deciden ofertar la adquisición de viviendas o terrenos a coste muy bajo, como incentivo para atraer población joven que revitalice las construcciones, cultivos y que forme una familia. En estos tratos suele estar incluido un compromiso de años de estancia y la rehabilitación de parte de las construcciones propias o comunes.

Llaman la atención algunos casos polémicos e incomprensibles como el del pueblo despoblado de Fraguas, donde el Estado creó cotos de caza y permitió maniobras militares en décadas precedentes, al que una serie de repobladores okupas llegaron en 2013 para instalarse y restaurar motu proprio las construcciones. Estos incómodos visitantes, que, con su propia economía, energía y tiempo, y empleando técnicas tradicionales, volvieron a activar la población, se enfrentan hoy a delitos por usurpar el monte público; además, se les acusa de un delito contra el patrimonio, por el que les piden dos años de cárcel, y un delito de daños, castigado igualmente con dos años. Este modo de proceder resulta chocante y extremo, y también paradójico, que hace que nos formulemos la pregunta ¿cómo exactamente se plantea la problemática y necesidad de repoblación rural?

Lo que está claro es que hay muchas personas interesadas en no abandonar sus poblaciones a base de promover la inversión en carreteras, colegios, telecomunicaciones; pero también muchas otras atraídas por lo rural interpretado desde una especie de “vuelta al origen”, donde precisamente el aislamiento, las técnicas antiguas, los saberes perdidos y la búsqueda de conexión total con la naturaleza son el peso principal en la balanza, llevando, hasta en ocasiones como la vista, a actuar por encima de la ley, pero de la mano de la lógica y el valor basal de un lugar.

Vuelta al origen. Fraguas (fotografía de archivo del colectivo Fraguas)

I) Reinvención / Transición / Nueva identidad

 

La realidad es que ni la hiperprotección por un lado, ni la falta de regularización y políticas de desarrollo por el otro, son efectivas o válidas. Hay que ser consciente de que los lugares necesitan una evolución, que su identidad primigenia es un manantial que alimenta el crecimiento de otras personalidades, acordes al momento y necesidades actuales, pero respetuosas con el lugar, su memoria, su paisaje y sus habitantes.

Como ejemplo de éxito citaría al pequeño pueblo almeriense de Almócita, que, desde el inicio de la crisis hasta ahora, no sólo no ha reducido su población, sino que la ha aumentado, pasando de 156 habitantes en 2006 a 174 en el último censo en 2017, a base de poner en marcha acciones territoriales, culturales y de desarrollo sostenible.

Así, este pueblo ha creado un carril bici que conecta Almócita con las poblaciones vecinas; organiza cada año el festival “Alma de Almócita” que consigue desplazar a los habitantes de la capital hasta él, al llenarse de vida y arte en su “ Noche de los Candiles” (una original iniciativa que se gestó en el marco de la Semana Europea de la Energía, de ahí que desde sus orígenes presentara una marcado acento en materia de desarrollo sostenible); además, Almócita forma parte de las Redes de Transición, un movimiento internacional que se organiza en cada país mediante una red formada por iniciativas locales y un eje vertebrador: “convertir las comunidades en las que se vive en lugar resiliente, más sanas y vibrantes, de fuerte carácter local, que reduce al mismo tiempo la huella ecológica”, considerándose “algo intermedio entre lo que una persona puede hacer como individuo y todas las grandes cosas que el gobierno puede hacer.  Es algo que solo puede surgir de abajo arriba, dirigido por gente corriente”. Acogido a la Transition Network, Almócita ha implementado un gallinero comunitario, un espacio de producción de setas ecológicas, un horno comunitario, así como constantes actividades formativas, encuentros, mercados, viajes de formación a otras comunidades, etc, siempre en materia de energías renovables, economía local, educación colectiva, etc.

Es curioso observar la evolución de este lugar, ver cómo cada año se rellena más y más de vida en ebullición, cómo cada vez más gente la sitúa en el mapa, y sobre todo constatar que, mientras en lugares cercanos se quedan sin niños en la escuela, cada vez se escucha a más parejas y familias jóvenes decir “me gustaría irme a vivir a Almócita”.

J) Internacionalización /Globalización

 

En el artículo “la aldea”, revisábamos la importancia de las telecomunicaciones para permitir a lugares aislados dotar de puestos de trabajo remotos a jóvenes de cualquier parte del mundo, atrayendo población tanto fija como rotativa pero constante. Este flujo, alejado del habitual y dañino flujo turístico, habita los pueblos despoblados. Pero además, actúa como altavoz, haciéndolos atrayentes para jóvenes de otros lugares, potenciales futuros inversores o propietarios. Este flujo también permite la entrada de fondos en pequeños pueblos, reactivando su economía de productos locales, bares y supermercados, y sin convertirlos en la feria del souvenir y el artificio.

 

En el artículo revisábamos el caso del pueblo gallego Senderiz, y del coworking/coliving Sende. Recuperando un fragmento de la entrevista a Edo Sadikovic, cocreador de Sende, “Cuando tenemos eventos con 30 personas, estamos duplicando la población de la aldea. Y claro, todo esto llama mucho la atención a los lugareños, que ya están acostumbrados a ver nueva gente. La interacción entre ellos es increíble, y creo esta es la mejor aportación que podríamos dar. Creo que hicimos un impacto bastante grande aquí en la zona, pero también tuvimos bastante repercusión en toda Europa (gracias a los medios), y mucha gente nos escribe con comentarios de que están empezando a revalorar sus aldeas gracias a proyectos como éste”. Sí, es posible, existe un futuro para las aldeas.

En el próximo artículo haremos un repaso de situaciones de fricción entre rural y urbano, con un caso concreto de una gran ciudad española.

Ana Asensio | Arquitecta

@AnaArquitectura

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